La nueva era en el espacio se consolida cada vez más. El paso del control absoluto de las grandes potencias a la presencia compartida de las corporaciones económicas tendrá un nuevo hito este mes, cuando llegue la primera tripulación privada a la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés).

El miércoles 30 se lanzará el cohete SpaceX desde Cabo Cañaveral, que llevará la misión Ax-1, con cuatro participantes que se entrenaron durante meses con la NASA en Houston y con SpaceX en California. De los 10 días de duración, ocho serán a bordo de la Estación con el objetivo de realizar 26 experimentos científicos; entre ellos algunos serán sobre células madre o la salud del corazón, en colaboración con centros de investigación en la Tierra o sobre el montaje autónomo de una embarcación en ingravidez.

A bordo irán tres empresarios (de origen estadounidense, canadiense e israelí), que pagaron varias decenas de millones de dólares cada uno, y un astronauta experimentado, Michael López-Alegría, exmiembro de la NASA que ya ha estado en la ISS, quien aclaró a la prensa: “No somos turistas espaciales, realmente no son vacaciones”.

Michael Suffredini, dueño de la empresa Axiom Space -organizadora del viaje-, afirmó que “no van allí para sacar la nariz por la ventana” y añadió que “van allí a realizar investigaciones importantes”. Estos “astronautas privados están planeando investigaciones con impacto real”, comentó Robyn Gatens, directora de la ISS. La tripulación también aprovechará la oportunidad para traer experimentos de la NASA a la Tierra, lo que, según la directora, será “muy útil”, ya que el laboratorio aéreo está abarrotado actualmente. Su vida útil está prevista que se agote en 2030.

El ISS es una nave compartida entre Estados Unidos y Rusia; en medio de las tensiones actuales por la invasión a Ucrania la visita se limitará al segmento norteamericano, aunque López-Alegría indicó que “desearían” poder visitar también el segmento ruso.

Axiom Space llegó a un acuerdo para un total de cuatro misiones con SpaceX, y la NASA, que cobra por la estancia, ya ha aprobado formalmente el principio de una segunda, bautizada Ax-2. Para la empresa, este es un primer paso hacia un objetivo ambicioso: la construcción de su propia estación espacial, cuyo primer módulo debería lanzarse en septiembre de 2024. “Estas misiones nos dan la oportunidad de ensayar a menor escala”, explicó Suffredini.

La idea de privatizar la órbita baja es alentada por la NASA, que ya no quiere tener que gestionar la operación de una estación espacial, sino contratar los servicios de estructuras privadas, para concentrarse en la exploración lejana.

El año pasado, Rusia también envió a novatos civiles a bordo de la ISS: un equipo de filmación para rodar una película allí, así como un multimillonario japonés y su asistente. Pero no era una tripulación exclusivamente privada, como será en esta oportunidad.